domingo, noviembre 23, 2014

Un Abrigo Rosa




Los de Gucci han hecho un vídeo en el que Kate Moss hace de algo así como una estrella a la que persiguen los fotógrafos y va vestida setentera, con botas con la punta y el tacón cuadrado, abrigos de leopardo, pantalones de tiro alto y con campana y . El motivo es la campaña de publicidad del bolso inspirado en Jackie Kennedy, Jackie, con el que pretenden seguir la estela en la que ya llevan trabajando unos años (y que qué tiene que ver con el trabajo de Frida Giannini) indagando en el pasado de la firma como marca de estrellas al estilo de Sophia Loren o la misma Jackie en sus años como señora Onassis (además, hace no mucho, restauraron El Gatopardo gracias a la fundación Gucci). 

Bueno, la cosa da bastante igual en sí misma y el vídeo es tremendamente insustancial, aunque los dos abrigos largos que aparecen, me encantan. No traigo aquí el vídeo por la buena de Kate Moss que sale bastante guapa y, por cierto, con una imagen no demasiado retocada lo que me gusta. A veces se ve a la Moss en las fotos de las revistas de cotilleos o en cualquier cosa sin Photoshop y luego se la ve en las páginas de, generalmente, el Vogue inglés y uno se asusta. No se sabe cuál de las dos es. Aquí aparece bastante natural y muy favorecida y eso me gusta. Pero el motivo es el abrigo rosa, y el de leopardo también, qué pasa, que me tiene chifladita. No paro de ver abrigos rosas que me encantan. Aquí unos cuantos y una recomendación: cuanto más pastel sea el rosa, mejor.









Efectivamente, me gustan todos. Y el de Gucci, más.
Sería un buen regalo navideño, por ejemplo, para que el señor del anuncio de Navidad de la marca me ponga un sello y me llene de cajas. Que entre Gucci por la puerta, como quien dice, en forma de Reyes Magos o Papá Noel o lo que sea.

lunes, noviembre 17, 2014

La Duquesa De Alba


Esta foto se la hizo a la Duquesa de Alba, Richard Avedon en 1959 para Harper´s Bazaar. Creo que es su favorita y no me extraña. Sale como digna heredera de aquella duquesa de Alba de los tiempos de Goya.



Esta es de 1941, hecha por Cecil Beaton para Vogue USA con un traje de Balenciaga. 



En 1962, con dos trajes de Berhanyer, posó para Vogue USA de nuevo, fotografiada por Henry Clarke que estaba muy de moda en la época, en el Palacio de Liria. 




En mayo de 2010 posó para Vogue España, fotografiada por Jonathan Baker, con joyas de Tous, por la colaboración de su hija, que también salía, con la firma. Fue en el Palacio de Dueñas, ante el cuadro de la Duquesa con perrito y vestido blanco de Goya.





En 1947 se casó con Luis Martínez de Irujo, fotografiada por Scherschel para LIFE, por voluntad de su padre, con la diadema de todas las duquesas de Alba, de brillantes y perlas, que luego tanto envenenaría la relación de su hijo el duque de Aliaga con María de Hohenlohe. Costó veinte millones de pesetas y fue más lujosa que la de Isabel II, que se casó unos meses después. En los años de su matrimonio fue una figura pública de todas las fiestas y Picasso casi la pintó como a una moderna maja. Qué pena que su marido se negara.







Son todas fotos de estos 25 años de matrimonio. Cabe destacar su amistad y anfitriona de Jackie Kennedy, Aline Griffith o Lola Flores.


En su segunda boda, en 1978, con el cura rojo Jesús Aguirre, la ceremonia fue muy íntima. Su vestido es ochentero total y a mí me recuerda un poco al de su tercera boda. Por cierto, que su marido dijo que no se preocupaba por gustar y que ya caería bien y así fue pues supo ganarse, por ejemplo, a Eugenia, la luego duquesita de Montoro, que abrió con él el vals nupcial pese a que para la posteridad será esa niña enfurruñada del fondo de la foto, un poco como Froilán y su patada en la boda de los Príncipes de Asturias.


Y en octubre de 2011, la duquesa se casó por tercera vez, a los 85, con Alfonso Díez, un funcionario, vestida de Victorio y Luchino. Hola, cómo no, lo recogió en sus páginas. La escandalosa relación hizo que la duquesa copara de nuevo portadas.



En mayo de 2011 hizo un reportaje en Vanity Fair España hablando de su boda y su relación, que empezó en 2008.




Y en septiembre de 2011, dio uno a Yo Dona donde salía muy favorecida y peculiar, como es ella, en un estilo del tipo Avedon, por ser un buen retrato de su personalidad y vincularla al arte, no ya al baile, sino a la pintura.

Me gusta pensar en la Duquesa de Alba como la fotografió Avedon y, ahora que está tan pachucha y tan mayor, tan cerca de dejarnos a todos un poco más huérfanos de esa España negra de Merimée y de Goya y de Carmen la cigarrera, creo que hay que reivindicarla un poco como icono, no sé si de moda, pero sí de una época y de un modo de vida.

lunes, noviembre 10, 2014

Diez Cosas Que Elsa Schiaparelli Imaginó Y Las Mujeres Vistieron


Jersey de 1927.



Sombrero zapato 1937


Colección pagana 1938.


1935.


1939. Colección música.


1938.


1939 Colección Música


Colección 1938 "Pagana". Referida a la primavera eterna.


Colección 1938. 


Elsa Schiaparelli se hizo famosa en 1927, con el apoyo de Poiret, con un jersey de punto que era un trampantojo y que salió en Vogue lanzándola a la palestra. Coco Chanel la odiaba, y la llamaba la italiana, porque el estilo de mujer que proponían era completamente opuesto. Chanel era de los cubistas, quería una mujer fuerte y elegante y abogaba por la sencillez y la línea. Schiaparelli estaba vinculada a los surrealistas, optaba por una moda provocadora, absurda y divertida y buscaba construir un cuerpo nuevo y una realidad nueva. Y lo peor era que sus clientas eran las mismas. 

Lo interesante, en mi opinión, de Elsa Schiaparelli es su capacidad de hacer de la moda, arte. Todas sus creaciones son fascinantes pero particularmente interesantes son sus accesorios. Me recuerda a Tom Ford cuando en Gucci controlaba -que no diseñaba- todos los aspectos de la colección, desde el aspecto de las campañas de perfumes a la marroquinería y la colección de pret a porter en sí misma. Pero, por su vinculación con los surrealistas, a Schiaparelli le interesaba dar una nueva vida a los objetos y hacer de ellos un elemento de reflexión y de inflexión en la moda. Es fascinante ver sus broches de bocas y langostas dalinianas, también su zapato sombrero, sus guantes con uñas, sus collares hechos de insectos... Y es que ahora que se pide a los diseñadores que sean tan totales, así por ejemplo a Ghesquiére en Louis Vuitton se le exige que apueste por los diseñadores, Elsa es aún más interesante.

jueves, noviembre 06, 2014

Otoños Y Señoras













En 2009, Vogue USA publicó este editorial protagonizado por Karen Elson, fotografiado por Steven Meisel y con estilismo de Grace Coddington. Como el otoño ha desaparecido y ha dado paso directamente al invierno desde el verano de sol abrasador de este octubre (sin quejas), se me antoja poner un poco de este editorial bastante otoñal en mi opinión. No es que me encante porque tiene todo lo que aborrezco de Vogue USA bastante concentrado: los saltitos absurdos, las modelos con tocados en la cabeza que andan hacia la cámara pero que no son como las mujeres que caminan de Helmut Newton, no, son solo pavas que salen apavadas, las modelos como Karen Elson que copan la cuota de modelo intelectual (cuando actualmente Karen Elson es una belleza que se ha quitado aquel vicio tan feo que tenía de posar como si fuera fea o "especial", o sea, sin tetas) y las negras que tienen rasgos de blanca (como Liya Kebede, que no por ello me deja de parecer impresionante) También tiene a la inefable Coco Rocha que, por lo que sea, a Anna Wintour le gusta. Si Karen Elson no me gustaba cuando iba de especialita y bohemia -sale cantando, o sea que la tontería no se le ha quitado del todo-, Coco Rocha es que me enferma directamente. 

Seguía su perfil de Twitter que era como inyectarse azúcar en vena siendo diabético y sus fotos con la boca fruncida y su reluciente marido (que ni siquiera es guapo pero que le decoró la casa bastante bien) reflejado en las gafas de ella o haciendo gansadas en la piscina o en donde sea, cosa que ni me va ni me viene y me pone un poco enferma. Cuando bailaba en Jean Paul Gaultier ya no es que me chiflara, las modelos modelan -que dirían en Sudamérica-, bailar, bailan las bailarinas (vamos, digo yo) pero es que ese estado de felicidad permanente en versión pastelosa no me gusta nada. Y su miniboca, imagino que come con pajita, combinada con su mandíbula me parece que le hace un rostro feo, simple y llanamente. No es que pida yo que las modelos (bueno, por pedir...) sean todas hermosas como Claudia Schiffer o Christy Turlington. No. Las modelos tienen que tener fotogenia y dar vida a los papeles y prendas que les toca desempeñar. Lara Stone es guapa objetivamente pero a veces sale realmente fea. Kirsten McMenamy no es en ningún modo hermosa y Tatjana Patijz o Nadja Auermann no siempre son convencionalmente bellas al modo de Schiffer. Veruschka era una belleza total pero Dovima no. Era una mujer extraña, casi marciana, motivo por el que cuando aparece en Funny Face leyendo un tebeo de marcianitos y al lado de una estatua un tanto extraña, me parece premonitorio y me hace mucha gracia. 

Podría seguir pero no lo veo necesario. Yo también echo en falta más moda en Vogue, igual que Grace Coddington, motivo por el que me desagrada la edición actual de Vogue USA que tiene tanta -no me quejo porque la haya sino porque no hay contenido- publicidad que uno busca el encarte con el texto y las editoriales y, tras el índice, resulta difícil de encontrar. Anna Wintour se congratula mucho de sus pesados números de septiembre. No sé. Si son todo anuncios. La revista no me cabe en el buzón y tengo que ir a buscarla a Correos, eso es verdad, pero yo no le veo más gracia al asunto. Otra cosa eran los viejos Vogues Colecciones de la edición española de Vogue, que eran imágenes de la pasarela y mucha publicidad, pero que eran divinos. Y otra es Lady Gaga en la portada de aniversario de Vogue USA envuelta en publicidad. 

Aparte de eso, me desagrada que, tras The September Issue, sepamos con certeza que debió haber muchas fotos mejores en el reportaje (recuerdo una en colores pastel que no se publicó por no ir en la línea de todo el reportaje pero que era divina, y la que más le gustaba a Grace Coddington -quedando fuera gracias a la Wintour-, perteneciente a este editorial) que las publicadas. Me consuela que la que juegan al cróquet con vestidos de Balenciaga es bastante interesante (aunque uno se pregunta si el total look no nos lo hemos aprendido ya en el desfile y en Vogue París de Emmanuelle Alt). La primera imagen, la de Karen Elson envuelta en un halo dorado en un cafecín es preciosa y encaja muy bien con su color de pelo y ese efecto halo de su personalidad. La siguiente, la de la amazona con biombo de Coromandel es mejorable, sobre todo por la actitud de la modelo, que con una Linda Evangelista en Vogue Italia, como condesa facinerosa o chica hermosa ascendida a un mundo que solo conocía desde el servicio, habría ganado mucho. En la que Karen Elson canta hay poco que criticar y la del vestido de noche y la baranda del bar podría mejorar con otra modelo pero está bien de ambientación y el brazo de él, medio cortado, añade una trascendencia al instante que no tendría sin él. Parece un instante afortunado como los instantes decisivos de Cartier Bresson. La del bar con dos chicas y la de la bicicleta mejoraría sin sombreros, las modelos no saben llevarlos. Las del coche y la escalera son directamente malísimas aunque podrían replantearse y estar bien.

Sin embargo, pese a todas estas quejas, el editorial me gusta. A veces hay que pagar mediocridad y aburrimiento para obtener genialidad. Por eso este otoño y estas señoras, algunas, merecen la pena.  Y, por eso, en la variedad está el gusto. Y este editorial es variado. Eso sí.