sábado, mayo 11, 2013

Belleza Natural




"Todas las mujeres que sedujeran y llevaran al matrimonio a los súbditos de Su Majestad mediante el uso de perfumes, pinturas, dientes postizos, pelucas y relleno en caderas y pechos, incurrirían en delito de brujería y el casamiento quedaría automáticamente anulado."

Constitución Nacional Inglesa (Ley del Siglo XVIII)

martes, mayo 07, 2013

Vivienne Westwood, La Dama Punk




Bueno, cuando Anna Wintour, dragona de Vogue USA vestida de florecilla, organiza una gala para la moda: la del MET y el tema es tan prometedor como el "punk", uno podría esperar muchas cosas. Incluso algunas fuera de serie. Pero, por otro lado, hay que reflexionar. ¿Anna Wintour?, ¿Vogue USA?, ¿Nueva York?, ¿patrocinadores, la industria de la moda al completo, estrellas del cine, la música y modelos junto a diseñadores en plan desmelenado, imperdibles, rotos y Doc Martens mediante? Todo lo que se vio en la gala de ayer por la noche fueron insulsas ganadoras de Oscar -ajá, Jennifer Lawrence de Dior ("quedo a tomar un café con Raf y me dice 'tienes que llevar este vestido'") y Anne Hathaway de Valentino ("pero, ¿tú has sido punk?" "No, peeero...." y por lo visto el pero era "pues tíñete de rubia y hazte una crestica y estos se lo tragan") y chicas escotadas y luciendo rampantes algo negro o algo de Givenchy que, por lo visto, ahora es punk. 

La otra parte de la fiesta fue aún peor. Al menos hubo algunas chicas listas que decidieron ir guapas, que al final es de lo que se trata. Entre ellas, Miranda Kerr y Emma Watson -aberturas y negro fueron sus concesiones al punk- y Gisele Bundchen que con eso de que es una supermodelo fue de corto y tan bien, oye y Katie Holmes que pensaba que seguía en la Cienciología y fue de ángel/abducida pero muy bonita. Beyoncé estaba innenarrable. Sobre todo porque iba de estrellona y acabó estrellada: Madonna llegó la última, como la reina de Inglaterra y tan guay como si lo fuera. La Olsen, que al menos parecía ir colocada -minipunto- aunque se equivocó de década (eran los 80, nena, no los 70) y la chica Crepúsculo pasaba de todo, como siempre -necesita mejorar-. Respecto a Gwyneth Paltrow, no se qué pensar, la verdad es que pilló la "idea": del caos a la costura porque a veces parece que el vestido es un desastre y en otras está cuqui como sólo ella sabe. SJP iba de Carrie Bradshaw, así, para variar. Y, extrañamente o no tanto, la única que fue de los 80s 2.0 fue Anja Rubik. Digo extrañamente porque uno se esperaba a más así: por lo menos a alguna europea. 

Sólo hubo dos excepciones. Pero qué dos excepciones. La Westwood, la dama del punk por excelencia que hizo lo que mejor sabe hacer en una noche que debía haberle sido dedicada, al menos, de nombre. Que llevaba la foto del soldado de las filtraciones de Wikileaks al que los americanos han encarcelado porque el punk es "verdad" y protesta. Y Madonna, porque no defraudó. Eso sí, se echó de menos a Galliano. Y mucho mucho a Gaultier.

lunes, abril 22, 2013

La Dama De Hierro

Retrato oficial de Margaret Thatcher. Realizado por Helmut Newton.

Margaret Thatcher, la dama de hierro, falleció el ocho de abril de 2013 a los ochenta y siete años de edad. Probablemente una de las facetas más importantes de su personalidad sea la determinación. De familia humilde, y con acento cockney, la baronesa Thatcher se convirtió en una trendsetter. Ahí es nada. Además de, claro, una personalidad política de primera fila a la que muchos acusan de arrasar las clases medias del Reino Unido, de apoyar a genocidas como Pol Pot -al tiempo que clamaba por el fin del apartheid en Sudáfrica-, de tener el primer contacto con Gorvachov... Hay británicas muy famosas en el tema de la moda. Si uno echa la vista atrás: Ana Bolena fue conocida por su elegancia y su prima, Catalina Howard, por su afición por los vestidos y las joyas y la moda francesa. Aún más atrás, Leonor de Aquitania (aunque cuenta a medias por ser francesa) es un ejemplo destacado. Sin embargo, esto se refiere más bien a la moda francesa. Como el ejemplo de Diana Vreeland...

Inglaterra, dando un producto 100% británico en la moda, supone que nos acerquemos a fechas más recientes. Cuando estallan los nacionalismos en Europa, es decir, tras la Revolución Francesa y la llegada de Napoleón al trono, los ingleses se desvinculan del continente y de lo afrancesado y sus vestidos, que siguen la moda del Imperio, son más pesados, más "decentes" y hay muchos menos "increíbles" y "maravillosas" que en las calles de París. Pero, para ser justos, los ingleses crearán un producto nacional de primera en esta época gracias a Beau Brummell, el primer dandi. Este amigo del príncipe regente, que luego sería Jorge IV ya en abierta enemistad con él y con un exilio a Calais mediante, acabaría con todo el polvo de talco en el pelo, con las calzas para los hombres -pionero en llevar pantalón largo- y con toda la afectación rococó. No es que no fuera afectado, claro. Su máxima era "no ser recordado" para ser "genuinamente elegante" pero, dicho de un hombre que desechaba más de cincuenta pañuelos todos los días para ponerse correctamente el cuello, tampoco es que se pueda negar la ostentación. Sólo que era una ostentación distinta: lujosamente moderna, ostentosa en su simplicidad. Y luego, la reina Victoria, claro.

Más recientemente, la británica con más poder en el mundo de la moda es, sin duda, Anna Wintour, emperatriz de Vogue USA desde 1988 y orgullosa portadora de un rictus eterno de ligero desagrado, quizá desdén. Pero es difícil considerar que una mujer que lleva desde hace treinta años, o más, el mismo peinado y que viste poco más distinto que una Wasp cualquiera sea el epítome del vestir británico. Es cierto que incluso Coco Chanel pasó por una fase inglesa tras conocer a Bend´Or enamorándose del lujo despreocupado de la aristocracia británica con casa señorial: jerseys de punto, trajes masculinos, el acolchado de los equipos de los caballos... pero no es más que la versión de Savile Row para Bianca Jagger de los trajes para hombre en femenino.

Para encontrar una auténtica dama de las tendencias en Inglaterra, especialmente fuera de la familia real -yo también quería a Dianala reina Isabel no vale (de Kate Middleton, no hablo, para mí que le falta lo más importante: carisma) y Wallis Simpson... bueno, no vale tampoco- hay que ensuciarse un poco más las manos. Un poco -no vamos a hablar de Alexa Chung aquí hoy, no-. Isabella Blow estaba bastante zumbada pero no cabe duda de que representa lo mejor y lo peor del gusto inglés: langostas en la cabeza, ir a la oficina sin ropa interior -"¿y cómo lo supieron?" preguntó luego- y Alexander McQueen como descubrimiento mediante... Pero la verdad es que la dama de la moda británica es la irreverente Vivianne Westwood. Que, además de inventarse todo el punk, es una de las diseñadoras con más talento a día de hoy.

Y la Thatcher. Margaret Thatcher fue para la moda de los ochenta toda una declaración de intenciones, toda una muestra de lo que la actitud era en los ochenta. No me extraña que la próxima expo del MET trate sobre el punk -después del fiasco Prada-Schiaparelli-... La Thatcher hizo de sus debilidades su bandera estrella. No hay Yulia Tymoshenko y trenza que valga. Una dominatrix de la política, con la moda por detrás, eso era la Thatcher. De hecho, incluso se inventó un concepto para ella: "bagging" porque siempre iba con su bolso duro, con asas cortas, que al principio le recomendaron que dejara -el pill box sí que lo dejó pero el bolso, no-. Y luego, las blusas. Blusas de seda, algo transparentes, al estilo de Yves Saint Laurent. La Thatcher encarna en la vida real lo que Armas de mujer con la buena de Melanie Griffith y la mala de Sigourney Weaber mediante plasmaron en la ficción: el "power dressing", vestir por/con/para el poder. Es muy conocida la frase que afirma que "Chanel dio libertad a las mujeres e Yves Saint Laurent, el poder". Y parece cierta. La Thatcher lo expresaba así: "ser poderoso es como ser una dama... si le dices a la gente que lo eres; no lo eres".

Pero lo más curioso de la relación Thatcher-moda es, quizá, la anécdota que vivió con Helmut Newton. Uno de esas preguntas críticas sobre la "dama de hierro" es si era atractiva. Bueno, en mi opinión, tenía su público. Como una señora, cierto. Pero para Helmut Newton había algo más que "morbo". Había esa ambivalencia, esa fascinación-repulsión que tan bien funcionaba con la Thatcher en toda su carrera política y que se extendía entre sus devotos y sus haters. Ella misma dijo que si te quedabas en el medio de la calle, "te golpean todos"... Y así la retrató Newton: como un tiburón. La comparación la hizo él mismo en su autobiografía. También cuenta que ella odió la foto desde el momento en que se la hizo, como Paloma Picasso y su monóculo por Newton la suya. Sin embargo, escogieron la imagen como la oficial de la Thatcher y tuvo que rendirse al bueno del alemán que disparaba fotografías como un pistolero, balas. Y la Thatcher fue obligada a la exposición, se hizo una imagen delante del cuadro y sonrió al lado de Newton. Helmut Newton disfrutó como un niño. Y lo desgrana con paciente alegría en sus memorias, mucho tiempo después. Mucha gente piensa que Newton sometía a las mujeres en sus fotos. Pero, la verdad, es que Newton amaba a todas las mujeres. Y amaba el poder de la Thatcher. Yo siempre veo en la foto mucha vulnerabilidad. Como si Newton quisiera recordar que la "dama de hierro", ese "tiburón", era una mujer. Puede que eso no le gustara a la política, pero debía gustarle a la mujer. De hecho, la Thatcher no se quejó mucho más por la foto. Y, mucho tiempo después, murió como Chanel: en un hotel -el Ritz-, como quien dice, trabajando.

sábado, marzo 23, 2013

Liz Taylor Y La Moda


En los años sesenta -Marilyn mediante- y, especialmente, en los setenta, Liz Taylor era la mujer más famosa del mundo. Sobre todo por el tema de sus matrimonios y, especialmente, por su amor con Richard Burton. Por lo de las joyas, también. Para qué engañarse. Hace dos años que Elizabeth Taylor, que odiaba que se refiriesen a ella como "Liz", murió. Todos los periódicos desplegaron suplementos sobre sus ojos violeta que, poéticamente, encabezaron titulares como "ojos de gata". Liz Taylor era una mujer bella, muy bella. Objetivamente bella. Andy Warhol, en los libros que publicó sobre sus recuerdos, sus gustos y sus obsesiones -y no necesariamente en ese orden-, habla en varias ocasiones de Liz Taylor porque, es evidente, que Liz Taylor le obsesionaba. 


No sólo le dedicó una serie de fotos serigrafíadas, en mi opinión, más melancólicas y dulces que las expansivas y -falsamente- vitalistas de Marilyn Monroe, sino que habló de la impresión que le causó haberla conocido y de estar junto a ella. Una de las cosas que con más fuerza se señalan cuando se habla de Liz Taylor es que era bajita, muy bajita, y que, en comparación, su cabeza parecía muy grande. Siempre me ha parecido que esas frases eran un tanto desmitificadoras. Sin embargo, tras reflexionar un poco sobre ello, pienso que no es así. Que no es así en absoluto. Esas frases sólo explican bien el alcance de la belleza de Dame Elizabeth. Tanto Capote como Warhol demostraron -y escribieron- sobre su fascinación por el rostro de la Taylor. 


Pero Elizabeth Taylor era más que belleza y joyas. Tenía talento para la actuación, aunque le pasa un poco como a Greta Garbo, que su rostro es de tal belleza que se te olvida que es buena actriz. Y también tenía gusto, un gusto personal, por la moda. Eso precisamente es lo que Raf Simons ha recuperado para su colección de pret a porter de primavera verano de 2013 en Dior. Que, se inspira en el traje que llevó -de Dior- a los Oscars de 1961 en los que ganó el Oscar por Una mujer marcada. Pero no fue la única vez que la Taylor vistió de Dior. En Roma, en los sesenta, también lo hizo y el traje es, igualmente, una maravilla. Nadie se ha inspirado en él -aún- pero es una buena idea. Es un vestido muy actual y un poco extraño por su modernidad para ver en Liz Taylor: con el escote en V hasta un punto en el que uno se atraganta y con ese corto un tanto abombado. Sin embargo, está radiante. No creo que Liz Taylor tuviese un gusto impecable y elegante. Era, más bien, una mujer excesiva. Como sus joyas. Me gusta que pensase que le podían prestar un vestido pero no una joya, porque era demasiado personal. Capote dijo, tras la muerte de Marilyn, que el mundo era un poquito peor porque era "una criatura encantadora". La Taylor era la magia misma del encanto. Qué belleza. Qué mujer. Y dos años ya, querida mía.

viernes, marzo 22, 2013

La Playa










Lo que más me impresiona de este editorial de Vogue París titulado La Playa es que es, claramente, un día de verano, un grupo de jóvenes reunidos bajo el calor del sol y al lado de las olas, amor, sexo, amistad, diversión y gente guapa, alcohol y puede que incluso drogas. Sin embargo, también es sueño y un poco de muerte. Eso es lo más trágico. 

Las revistas de moda juegan todos los años con la misma baraja de cartas. O, lo que es lo mismo, Miranda Priestly, directora de Runway en El diablo viste de Prada, tenía toda la razón al mirar a sus subordinados con desdén -e incluso desprecio- cuando le proponen "para primavera" un reportaje de "flores, anillos esmaltados...". Primero, "porque lo hicieron hace dos años" y segundo, y principalmente, porque "¿flores?, ¿para primavera?, ¡qué original!".

Eso mismo les ocurre a todas las revistas. El año tiene dos temporadas: invierno y verano. Fuera de los rigores de la estación, de que hay meses de piel y otros de trajes de baño, de los titulares con nombre de películas, de las chicas en bikini en un mundo de hielo y de las damas norteñas atrapadas en el Sahara sin más ayuda que la que pueda facilitar el bueno de Hermés, no hay mucho que ofrecer. Es muy difícil hacer un buen editorial porque no se trata sólo de hacer unas hermosas fotos, tener un estilismo sugerente, una modelo talentosa y que resulte una combinación evocadora para el ojo, para la tarjeta de crédito y para renovar la suscripción -ja- a la revista sino que, uno pide -y no es mucho pedir-, algo de originalidad.

Esta editorial, de la época en la que Carine Roitfeld timoneaba Vogue París, es un buen ejemplo de cómo ser sugerente y original a la vez. Lo que devuelve la primera mirada es el fragor de la batalla del verano, cuerpos sexys, torneados, calentados bajo el sol y las pasiones y envueltos en trajes de baño salpicados de espuma de mar y arena blanca y fina. Sin embargo, es perturbador que sea en blanco y negro. Es perturbador que los únicos colores vengan de unos efectos casi fluorescentes que bien podrían ser sangre derramada. 

Es imposible no esperar la muerte. Este editorial es un vanitas barroco en el que la dama de negro, con su guadaña, espera en la página siguiente. El mar siempre ha tenido un sentido dramático. La vida da paso a la vida. Y lo hace con la muerte





viernes, marzo 15, 2013

Rubias Peligrosas



Marilyn y Mae West compartían peluquero y fueron iconos sexuales. Uno entiende porqué los caballeros preferían las rubias.


domingo, marzo 03, 2013

lunes, febrero 18, 2013

La Muerte Sienta Bien


Nadie dice nada de la muerte. Que si el estilo es algo con lo que se nace, que si es algo que se hace con el tiempo. La cosa, parece, se queda en este mundo. Pero, ¿qué hay del otro? Y, es más, ¿qué hay del intersticio entre este y el siguiente? O sea, esa última foto de uno o, mejor dicho, de su cuerpo. Es importante la forma en que pasamos a la posteridad en nuestro último momento que, en general, es público y se ha inmortalizado. Fue hermoso ver el corazón de rosas rojas que Bergé dejó para el funeral de Saint Laurent y también la hermosa corona de Lagerfeld sobre los buenos tiempos que ambos habían vivido. Sin embargo, entrando en materia, dos y sólo dos son los cadáveres interesantes. El de Marilyn, enterrada con un vestido de punto de Pucci de color verde manzana que era su favorito. A Marilyn le gustaba mucho Pucci y se decía que era su vestido favorito pero tenía en muchos colores prendas del italiano.


El otro, la auténtica estrella de la muerte, es Warhol. A la muerte de Warhol, el gran artista del pop art (¿Qué es el pop art?: .), se le enterró con un traje negro -como los que solía llevar-, una corbata de estampado cachemira, su peluca plateada y sus gafas de sol, es decir, más o menos la que era la imagen habitual de Warhol en vida desde que llegó a Nueva York -y se operó la nariz- acompañado de su madre para ser primero dibujante y luego artista. Se le enterró con un breviario y una rosa roja. Si el ataúd de Saint Laurent fue cubierto por ramilletes de espigas verdes y luego por la bandera francesa, el de Warhol lo estuvo, durante la misa -Warhol era muy creyente e iba casi todos los días a misa-, con rosas blancas. Antes de que la tierra cubriese su féretro, Paige Powell, una de sus mejores amigas, le dejó lectura para el más alla: un número de Interview, la revista que Warhol creó, también una camiseta de la revista y un frasco de Beautiful, el perfume de Estée Lauder. 


Sin embargo, en el mundo de la moda, ha habido tres funerales más muy destacados. Especialmente relevante fue el de Coco Chanel al que acudió un jovencísimo Yves Saint Laurent a presentar sus respetos, también el de Alexander McQueen hace muy poco y, entre medias, el de Gianni Versace que consagró definitivamente a Donatella Versace y, muy especialmente, a Lady Di. Curioso es que Lady Di también fuera al de Grace Kelly -en la mortaja, Grace Kelly estaba bastante guapa y bastante gore, toda rodeada de puntillas- pero esa es otra historia.

miércoles, enero 30, 2013

Arreglá Pero Informal


A mí eso del "arreglá pero informal", no. Pero a Linda Evangelista parece que sí. Ay qué tiempos.

domingo, enero 27, 2013

Sorpresas





Lo malo de la moda es que rara vez es divertida. Los diseñadores se toman demasiado en serio esa "forma de fealdad que es necesaria cambiar cada seis meses" como diría Wilde y, si hay humor, es más bien en la lectura de la ridiculez, de la pedantería y demás que hacen los consumidores o que ven los espectadores de la jauría de la moda. Sin embargo, Jean Paul Gaultier es una notable excepción. Gaultier siempre ha sido el enfant terrible de la moda francesa porque hacía desfilar a putas, enanos, obreros de la construcción, obesos, gigantes... todos ellos pintados como puertas, lo mismo con una serie de tatuajes que envidiarían los de Moana de Flaherty que con piercings, con ligueros... Gaultier nunca tuvo miedo a ser vulgar y, quizá por eso, nunca lo fue. Gaultier supo extraer la esencia de la vulgaridad y volverla refinada igual que sus chulos marineros están muy homosexualizados en su rampante heterosexualidad y ése es el acierto de Gaultier.

Sus colecciones tienen un lenguaje tan limitado como extenso. Podría parecer para el ojo inexperto que ver un desfile de Gaultier es ver siempre el mismo desfile de Gaultier pero eso no es cierto. Es a nosotros a quienes parece que los "otros", los demás, son todos iguales. En realidad, Gaultier una vez saca a princesas de la amazonia y a otras a veinteañeras con síndrome de Diógenes. A veces son reinas guerreras en ropa interior inspirada en el XVIII y otras son la novia perdida, la novia herida, abandonada a las puertas de la felicidad marital.

Y siempre hay sorpresas y diversión. Como en su colección de Alta Costura para Primavera Verano 2013 en la que la virgen inmaculada de la novia es... bueno, la madre del mundo.