Retrato oficial de Margaret Thatcher. Realizado por Helmut Newton.
Margaret Thatcher,
la dama de hierro, falleció el ocho de abril de 2013 a los ochenta y siete años de edad. Probablemente una de las facetas más importantes de su personalidad sea la determinación. De familia humilde, y con acento
cockney, la baronesa Thatcher se convirtió en una
trendsetter. Ahí es nada. Además de, claro, una personalidad política de primera fila a la que muchos acusan de arrasar las clases medias del Reino Unido, de apoyar a genocidas como
Pol Pot -al tiempo que clamaba por el fin del
apartheid en Sudáfrica-, de tener el primer contacto con
Gorvachov... Hay británicas muy famosas en el tema de la moda. Si uno echa la vista atrás:
Ana Bolena fue conocida por su elegancia y su prima,
Catalina Howard, por su afición por los vestidos y las joyas y la moda francesa. Aún más atrás,
Leonor de Aquitania (aunque cuenta a medias por ser francesa) es un ejemplo destacado. Sin embargo, esto se refiere más bien a la moda francesa. Como el ejemplo de
Diana Vreeland...
Inglaterra, dando un producto 100% británico en la moda, supone que nos acerquemos a fechas más recientes. Cuando estallan los nacionalismos en Europa, es decir, tras la Revolución Francesa y la llegada de
Napoleón al trono, los ingleses se desvinculan del continente y de lo afrancesado y sus vestidos, que siguen la moda del Imperio, son más pesados, más "decentes" y hay muchos menos "increíbles" y "maravillosas" que en las calles de París. Pero, para ser justos, los ingleses crearán un producto nacional de primera en esta época gracias a
Beau Brummell, el primer dandi. Este amigo del príncipe regente, que luego sería
Jorge IV ya en abierta enemistad con él y con un exilio a Calais mediante, acabaría con todo el polvo de talco en el pelo, con las calzas para los hombres -pionero en llevar pantalón largo- y con toda la afectación rococó. No es que no fuera afectado, claro. Su máxima era "no ser recordado" para ser "genuinamente elegante" pero, dicho de un hombre que desechaba más de cincuenta pañuelos todos los días para ponerse correctamente el cuello, tampoco es que se pueda negar la ostentación. Sólo que era una ostentación distinta: lujosamente moderna, ostentosa en su simplicidad. Y luego,
la reina Victoria, claro.
Más recientemente, la británica con más poder en el mundo de la moda es, sin duda,
Anna Wintour, emperatriz de
Vogue USA desde 1988 y orgullosa portadora de un rictus eterno de ligero desagrado, quizá desdén. Pero es difícil considerar que una mujer que lleva desde hace treinta años, o más, el mismo peinado y que viste poco más distinto que una Wasp cualquiera sea el epítome del vestir británico. Es cierto que incluso
Coco Chanel pasó por una fase inglesa tras conocer a
Bend´Or enamorándose del lujo despreocupado de la aristocracia británica con casa señorial: jerseys de punto, trajes masculinos, el acolchado de los equipos de los caballos... pero no es más que la versión de
Savile Row para
Bianca Jagger de los trajes para hombre en femenino.
Para encontrar una auténtica dama de las tendencias en Inglaterra, especialmente fuera de la familia real -yo también quería a
Diana, la reina
Isabel no vale (de
Kate Middleton, no hablo, para mí que le falta lo más importante: carisma) y
Wallis Simpson...
bueno, no vale tampoco- hay que ensuciarse un poco más las manos. Un poco -no vamos a hablar de
Alexa Chung aquí hoy, no-.
Isabella Blow estaba bastante zumbada pero no cabe duda de que representa lo mejor y lo peor del gusto inglés: langostas en la cabeza, ir a la oficina sin ropa interior -"¿y cómo lo supieron?" preguntó luego- y Alexander McQueen como descubrimiento mediante... Pero la verdad es que la dama de la moda británica es la irreverente
Vivianne Westwood. Que, además de inventarse todo el
punk, es una de las diseñadoras con más
talento a día de hoy.
Y la
Thatcher. Margaret Thatcher fue para la moda de los ochenta toda una declaración de intenciones, toda una muestra de lo que la actitud era en los ochenta. No me extraña que la próxima expo del
MET trate sobre el
punk -después del fiasco
Prada-Schiaparelli-... La Thatcher hizo de sus debilidades su bandera estrella. No hay
Yulia Tymoshenko y trenza que valga. Una
dominatrix de la política, con la moda por detrás, eso era la Thatcher. De hecho, incluso se inventó un concepto para ella: "
bagging" porque siempre iba con su bolso duro, con asas cortas, que al principio le recomendaron que dejara -el
pill box sí que lo dejó pero el bolso, no-. Y luego, las blusas. Blusas de seda, algo transparentes, al estilo de
Yves Saint Laurent. La Thatcher encarna en la vida real lo que
Armas de mujer con la buena de
Melanie Griffith y la mala de
Sigourney Weaber mediante plasmaron en la ficción: el "
power dressing", vestir por/con/para el poder. Es muy conocida la frase que afirma que "
Chanel dio libertad a las mujeres e
Yves Saint Laurent, el poder". Y parece cierta. La Thatcher lo expresaba así: "ser poderoso es como ser una dama... si le dices a la gente que lo eres; no lo eres".
Pero lo más curioso de la relación Thatcher-moda es, quizá, la anécdota que vivió con
Helmut Newton. Uno de esas preguntas críticas sobre la "dama de hierro" es si era atractiva. Bueno, en mi opinión, tenía su público. Como una señora, cierto. Pero para
Helmut Newton había algo más que "
morbo". Había esa ambivalencia, esa fascinación-repulsión que tan bien funcionaba con la Thatcher en toda su carrera política y que se extendía entre sus devotos y sus
haters. Ella misma dijo que si te quedabas en el medio de la calle, "te golpean todos"... Y así la retrató Newton: como un
tiburón. La comparación la hizo él mismo en su autobiografía. También cuenta que ella odió la foto desde el momento en que se la hizo, como
Paloma Picasso y su monóculo por Newton la suya. Sin embargo, escogieron la imagen como la oficial de la Thatcher y tuvo que rendirse al bueno del alemán que disparaba fotografías como un pistolero, balas. Y la Thatcher fue obligada a la exposición, se hizo una imagen delante del cuadro y sonrió al lado de Newton. Helmut Newton disfrutó como un niño. Y lo desgrana con paciente alegría en sus memorias, mucho tiempo después. Mucha gente piensa que Newton
sometía a las mujeres en sus fotos. Pero, la verdad, es que Newton amaba a todas las mujeres. Y amaba el poder de la Thatcher. Yo siempre veo en la foto mucha
vulnerabilidad. Como si Newton quisiera recordar que la "dama de hierro", ese "tiburón", era una mujer. Puede que eso no le gustara a la política, pero debía gustarle a la mujer. De hecho, la Thatcher no se quejó mucho más por la foto. Y, mucho tiempo después, murió como
Chanel: en un hotel -el Ritz-, como quien dice, trabajando.